12 julio, 2021

Llevo tres años soltera y esto es lo que he aprendido

By elmillennialtimes@gmail.com

En realidad han sido más. No hay una cuenta exacta porque nunca he tenido una relación de esas que llaman estables y duraderas. Si tuviera que definir mi vida amorosa hasta este momento, diría que ha sido una soltería prolongada. ¿Cómo la he pasado? Buenísimo. He tenido embarradas master, otras senior y otras junior. Otras veces ha habido historias que darían para guiones increíbles, tan increíbles que no sabría a quién presentarlos primero porque la comprada es segura. Pero no estoy aquí para presumir, ni mucho menos para hacer el papel de vístima con mis aventuras de chica millennial. Estoy aquí para hablar de lecciones.

Hace un año exactamente publiqué “Llevo dos años soltera y esto es lo que he aprendido” en este mismo blog. Un artículo en el que resumí en cinco lecciones mi experiencia como mujer joven soltera. Este texto que están leyendo ahora no estaba en los planes. Pero toda idea tiene un detonante y el mío fue una conversación con un amigo. Él tiene treinta, es libra y no conoce de soltería hace mucho tiempo. Además, no es cualquier amigo. Es de esas personas que admiras, que te dan buenos consejos, que están ahí para ti. Lo que hacen los amigos, ¿cierto? Pero también es ese tipo de amigo con quien desde siempre ha habido chispas y la corriente eléctrica va conectada de ambos lados. 

La conversación fue honesta y singular. Hablamos de nuestras experiencias pasadas, de los miedos, las expectativas y, al final, nos imaginamos cómo seríamos estando en una relación. Frente a esos escenarios hipotéticos él dijo algo que me dejó pensativa, inquieta, sorprendida e incluso algo indignada.

-Yo pienso que tú y yo podríamos ser una buena pareja hasta que yo te ponga el primer “pero”. Y eso no te va a gustar.

Luego añadió que en algún momento le gustaría verme comprometida. Perdidamente tragada de alguien, en palabras textuales. Eso me llevó a preguntarle y preguntarme: ¿es la soltería un estado menos valioso que estar comprometida? ¿Por qué? ¿Tengo que estar tragada de la persona con quien estoy comprometida? Y luego de este detonante, ¿quién no escribiría un artículo? 

Un año es muy poco pero puede pasar mucho. Te pasan personas, tú les pasas a ellos y lo mejor de la historia es que es el tiempo suficiente para que la vida ponga a prueba tus propios discursos. Luego de hacer barrido por un año más de soltería, me dispongo a compartir mis nuevas cinco lecciones. Sin más intro, aquí están:


1. La soltería es un compromiso: Tengo pruebas y ninguna duda. Estar soltera es una decisión que en gran parte ha sido tomada por la intención de querer elegir muy bien con quién estoy, por cuánto tiempo y qué tanta energía estoy invirtiendo. Las personas con el compromiso de una relación tienen toda mi admiración pero eso no las hace merecedoras de un trofeo mayor o menor que el mío. Son dos personas con vidas independientes que decidieron estar juntas. La única diferencia notable es que los emparejados duermen en una cama doble y yo en una sencilla – en un sofá cama para ser más exacta-   el asunto es que para todo el mundo no es así de claro. Una persona soltera sigue siendo sinónimo de un corredor o corredora incansable en búsqueda de the one. En mi caso, la vida me dotó con un metro y medio de estatura así que si es por correr, no voy a llegar muy lejos. Soy una mujer comprometida conmigo misma, con mis proyectos, mi bienestar, con mis ganas de ayudar y conectar con la gente, quiero cumplir mi meta de libros para leer en el año, retomar clases de guitarra, ahorrar para recorrer el mundo. Esto para mí también es compromiso.

2. Estar soltera es un estado cómodo: ¿No les pasa que toman un hábito nuevo o se crean una rutina y cuando la pasan por alto se sienten mal? Bueno, eso me pasa con la soltería. Conozco personas que son lo opuesto. Son quienes desean abiertamente “un amor bonito” o que en casos más alarmantes pueden sentir que algo les hace falta para estar completos o completas. Yo, he llegado a la conclusión que en esta vida  una llega sola y nos vamos igual, así que si llega alguien que quiera compartir un rato en el tiempo medio, bienvenido. Debo aceptar que estar soltera puede convertirse en una costumbre. Te levantas, te preparas el café, haces tu lista de pendientes, compras lo que te gusta, escuchas la música que quieras – desde Luis Miguel hasta Portugal. The Man- y ese sentido de control absoluto es difícil de soltar. Me pasó con mi último affair que me levantaba muy temprano y me iba con tal de empezar mi día según mi agenda habitual. Yo no lo noté hasta que él me dijo “¿Por qué tienes que salir corriendo siempre? ¿No te puedes quedar a tomarte un café y te vas?” Luego de eso me permitía con cierta frecuencia alterar mi rutina y compartir tiempo de calidad tomándome un café hecho por alguien para mí. Lo que aprendí de esta situación es que estar cómoda en un ambiente si bien te hace sentir segura y a salvo, también te puede hacer rechazar con facilidad cualquier escenario por fuera de lo conocido y perderte la experiencia de algo que puede salir bien. O mal. O como sea que resulte, lo que en verdad importa es no suprimir la voluntad de que algo pase.

3. YOLO: Esta es mi parte favorita. Estando soltera son muy frecuentes las preguntas ¿Por qué no? ¿Qué tanto podría perder? ¿Para qué esperar? Gabo se refería a la coquetería como un vicio y no tengo ningún argumento para refutar. La adrenalina de la novedad es una sensación muy placentera. Una mirada, una conversación iniciada con cualquier excusa e incluso, reaccionar con el emoji del fueguito. Aquí todo vale. Tengo que confesar que con el tiempo estos rituales de cortejo cambian. Cuando tenía 20 años era una cosa y ahora es otra. Pero la intensidad sigue intacta. Aunque los métodos hayan cambiado, el proceso siempre será emocionante porque You only live once. Es la filosofía del ahora o nunca, donde las posibilidades siempre serán: sí o no. Y si pasa bien, y sino, next. 

4. Cuando la soltería se ve amenazada: *Insertar sticker La monogamia me está respirando en la nunca Marce* 

Ya les conté en un punto anterior sobre lo cómoda que se puede estar en la soltería. Pero, ¿qué pasa cuando ese estado se ve amenazado a cambiar? En 2015 estuve en terapia por un tiempo a raíz de un duelo muy fuerte que no sabía cómo manejar y, uno de los aprendizajes que aún conservo es que hay cosas que puedo controlar y otras que no. Una de ellas es tener pareja. Yo puedo controlar mi disposición. Lo que no puedo controlar es que llegue a mi vida alguien con quien haya feeling, la pase bien cuando estemos juntos y que con el tiempo ese vínculo se fortalezca a tal punto que se plantee la posibilidad de una relación. Esto suena muy sencillo en palabras pero en la práctica es otra cosa. En la vida real esta situación se puede convertir en un camino de huida y lamentos del tipo “¿En qué momento me metí en esto?”.  Este pensamiento está conectado con mi ideal sobre las relaciones que nada tiene que ver con el romanticismo latino. Para mí tener pareja es una decisión muy seria. Es tener un co-equipero con quien poder disfrutar del placer y la presencia pero también es alguien con quien trazar un camino común. Por eso, cuando se presenta esta “amenaza” respiro hondo y analizo si de verdad quiero hacerlo, porque en toda relación hay renuncias y ganancias. Aquí reconozco que tengo la tarea- que he venido haciendo-  de aliviar la carga mental que me genera la figura de “la novia”. Entendiéndose como una posibilidad que no es mejor ni peor, ni más fácil ni complicada que mi figura actual: la de una soltera. 

5. La soltería como state of mind: me gusta pensar que esto es posible. Y lo creo así porque lo he visto. Me refiero a esas parejas que son another level. Personas que decidieron vivir su independencia juntos, envés de convertirse en una especie de simbiosis extraña donde no existen los límites. Ahora, la etapa del enamoramiento pleno donde vivimos en el maravilloso de Disney es normal pero es eso, una etapa. Me gusta pensar en la soltería como un estado que no necesariamente tiene una fecha de caducidad en el momento que empezamos una relación. Seguimos siendo nosotros y nosotras. Sigo siendo yo aunque esté contigo. Ustedes dirán “Esta ya está hablando de poliamor”, pues no. Aunque las reglas del juego las acuerda cada quien, los valores de respeto y lealtad no son negociables. A lo que sí me refiero es que pasar de la soltería a una relación no debería significar un cambio en la esencia del individuo. Estoy segura que conocen a alguien que entre amigxs es una y con su pareja es otra. Esto sólo me puede generar terror. Si tu pareja te conoció estando soltera ¿Por qué actuar distinto una vez se está en una relación? Esto es food for thought.

Probablemente, en este punto haya alguien pensando que soy muy joven y no sé nada. No discutiré porque tiene razón. Estas cinco lecciones están construidas a partir de mi experiencia, que ha sido muy breve. Lo que sí puedo discutir es que aún con tan poco tiempo puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de las posturas tan distintas que tengo sobre un mismo tema luego de 365 días. Eso, según mi parecer, se llama madurez. 

Conclusión: para gustos los colores, y en soltería la paleta es infinita. Estoy orgullosa de las personas que he conocido, lo que me han enseñado y, sobre todo lo que he aprendido. Lo mejor es que si se me llega a olvidar, sé que hay un artículo con el que podré recordar ¿Para ustedes cómo ha sido su experiencia con la soltería? Les invito a seguir esta conversación en @elmillennialtimes en Instagram y Twitter

Besos, Ang.

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