Daniel Hendler: “La buena actuación tiene que ver con la buena escucha”
By Angie Quiroz CastellarDaniel Hendler es de esas personas por las que una se pregunta ¿Cómo carajos hace lo que hace? Es actor, director, guionista. Ha trabajado en cine, ha hecho teatro. Un artista con una carrera extensa y redonda, cuyo próximo paso podía ser un curso online de productividad.
Es uruguayo, de Montevideo, aunque a menudo lo confunden por argentino. Recientemente, su papel de Miguel —el jefe manco de la guardia urbana en ‘División Palermo’, la serie de Netflix— le dio un empujón a su fama fuera del Cono Sur. Sin embargo, su camino comenzó mucho antes del streaming, con títulos como ‘Whisky’, ’25 Watts’ y ‘Los paranoicos’. Hoy está en plena ola de estrenos con ‘Un cabo suelto’ y ’27 noches’, dos obras que escribe y dirige.
Recientemente, Hendler visitó Colombia como invitado de la edición número diecinueve del Festival Internacional de Cine de Villa de Leyva. Y no de cualquier manera: fue el protagonista de la sección Foco. Allí se proyectaron títulos como ‘Pequeña flor’, el largometraje dirigido por Santiago Mitre (el mismo de ‘Argentina 1985’, disponible en Prime Video), ‘Los paranoicos’ y ’27 noches’ (disponible en Netflix).
Además de Foco, Hendler participó en los Preguntatorios, otra de las secciones del Festival donde, a modo de conversatorio, los invitados responden preguntas del público. Fue justo después de ese espacio cuando lo entrevisté.
Sin dudas y muchas con pruebas, puedo decir que esta ha sido la entrevista más relajada que he hecho. Hablamos sentados en un bordillo a las afueras del Claustro San Francisco mientras él se fumaba un tabaco y tomaba mate. Daniel no es la típica estrella, aunque podría serlo. Es callado, tiene esa aura introvertida de los artistas y una capacidad natural para mimetizarse donde vaya. Pero cuando habla de su oficio, brilla. Los ojos se le iluminan y habla como si le dieran cuerda.
En esa charla de bordillo conversamos sobre sus personajes, las diferencias entre el cine y el teatro, por qué ha bailado tanto en sus películas y una conexión con Colombia que lo acompaña desde la infancia. ¿Qué dijo? La entrevista completa está a continuación.
Angie Quiroz: ¿Cuál es el vínculo de Daniel Hendler en Colombia? ¿Habías venido antes?
Daniel Hendler: Vine hace 25 años porque tuve una novia colombiana que conocí en el Festival de Teatro de Manizales. Luego me vine a Bogotá y ella me presentó este lugar, Villa de Leyva. Así que la última vez que estuve fue justo aquí en Villa de Leyva, hace 25 años.
AQ: Quiero preguntarte algo: a lo largo de tu carrera has hecho muchos personajes y géneros —cine, teatro—pero hay un patrón en tus personajes: la mayoría son underdogs. ¿Eso ha sido una decisión consciente o un asunto más orgánico?
DH: Me parece que tiene más que ver con las cosas que me han ofrecido hacer. En todo caso, sí puede ser que lo que me interesa al involucrarme en un proyecto tenga que ver con la mirada de quien dirige y con el guion, más que con el tipo de personaje. Cuando me envían un guion para actuar, lo leo y si me interesa, podría ser cualquiera de los personajes el que me pidan. Me gusta sumarme a películas que me interesan.
Si allí hay un patrón en que me interesan películas que cuentan historias sobre personajes no tan de héroe clásico, con deseos y obstáculos tan definidos, sino que trabajan sobre capas más compleja. Bueno, no tengo tanta conciencia, pero es posible.
AQ: La escena del baile en ‘Los Paranoicos’ sigue siendo muy recordada. En ’27 noches’ también hay otra escena de baile. ¿Cómo es tu relación con la danza o por qué crees que se repite en tus películas?
DH: Sí. Y te diría que hay muchas otras películas en las que me tocó bailar. El otro día hablábamos con Agustina Llambi Campbell y Santiago Mitre, quienes produjeron ’27 noches’, que podríamos reunir varias películas en las que bailo. Cuando me tocó escribir una escena para bailar, escribí esta en la que mi personaje baila mal, como en ’27 noches’.
Pero sí tuve un pasaje por la danza contemporánea en Uruguay. No solo me gustó mucho la experiencia y el trabajo con aquel coreógrafo y mis compañeros y compañeras bailarinas, sino que fue una experiencia de formación actoral muy valiosa, que tiene que ver con la escucha. En esa experiencia trabajamos mucho eso, y en la actuación es básico: es casi todo. La buena actuación tiene que ver con la buena escucha. No solo la escucha de un texto, sino de toda la información que se produce en un escenario o un set, incluso la que va más allá de lo perceptible. Quedé muy atravesado por esa experiencia, y creo que hay algo de la danza quedó presente por ahí.
AQ: En la charla mencionaste a un mimo colombiano que te marcó cuando estabas chico. ¿Puedes contarme más?
DH: Sí. Me encantaría saber quién es, aunque no creo que tenga posibilidades de investigar o llegar a él. Era en la calle 18 de Julio en Montevideo, cerca de la plaza Cagancha, donde montó un escenario de teatro callejero y hacía números. Yo quedé muy sorprendido con eso; tendría siete años. Cuando llegué a mi casa empecé a reproducir esos números y en reuniones familiares me pedían que los hiciera. Después, incluso en una obra de teatro, pude darme el gusto de jugar un poco con eso. Considero que la pantomima tiene que ver con mis inicios, y además, bueno, un colombiano ahí involucrado.
AQ: En la charla también hablaste de las diferencias entre cine y teatro y mencionaste que prefieres actuar en teatro y dirigir en cine. ¿Cómo es eso?
DH: Creo que la actuación en cine siempre es un desafío interesante. Valoro mucho a los actores y actrices que nos regalan momentos vivos en el cine, a pesar de tener una cámara y movimientos muy precisos. Pero en el teatro la experiencia del actor es más completa. Uno vive la construcción del personaje, la interrelación con los otros personajes y el fenómeno mismo que se produce con los espectadores. Hay un vértigo intransferible y uno siente cómo lo que sucede en el escenario modifica por un rato lo que sucede a ese grupo de personas que asiste, y cómo también uno es modificado por esa energía colectiva.
Eso en el cine no se da. El momento de mayor disfrute al actuar en cine es cuando terminamos la jornada, cuando es la hora de comer, o sobre todo cuando la vemos por primera vez con público. Pero no cuando estamos actuando. No se da ese fenómeno de vivir el evento ficcional en tiempo real.
AQ: Tengo que preguntarte por División Palermo. ¿Cómo ha sido grabar esa serie? ¿Cómo hacen para no morirse de la risa? ¿Cómo fue el proceso de encarnar a Miguel y balancear la comedia siendo “el más cuerdo de todos”?
DH: Primero hay que decir que los guiones eran muy buenos. Santiago Korovsky, el creador de la serie, me llamó para hacer inicialmente un teaser cuando todavía era una idea que rondaba en su cabeza y no sabía bien hacia dónde iba a dirigirse. Nos convocó a Pilar Gamboa y a otros actores. Nos divertimos mucho y surgieron algunos chistes que luego él tomó como mojones para los guiones que escribió para hilar una nueva trama. Ese espíritu ya se había originado ahí; en ese encuentro sí te puedo decir que nos tentamos mucho de la risa.
Después, en el rodaje de la serie, uno entra en las dinámicas del rodaje y en lo engorroso que es a veces construir una escena, entonces no es tan divertido como parecería. De todas maneras, hay escenas en las que sí nos tentábamos. Recuerdo un cachetazo que mi personaje le pega a Felipe, el que interpreta Santiago, donde era muy difícil sostener la escena porque nos tentábamos mucho.
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