Entre Bogotá, el duelo y el terror psicológico: así construyó David Bohórquez el universo de ‘Nota de voz’
By Angie Quiroz CastellarSi pensamos en cine de terror hecho en Colombia, es inevitable recordar ‘Pura sangre’ de Luis Ospina y Carlos Mayolo o algún corto inquietante de Camila Loboguerrero. Si eres de los muy fanáticos del género, probablemente también viste ‘El círculo’, la serie web de Luis Enrique Vanegas disponible gratis en YouTube, o más recientemente ‘Rosario’, de Felipe Vargas.
Aunque el cine colombiano ha girado principalmente alrededor del drama y la comedia, el terror empieza a abrirse paso… como una criatura que asoma la mirada desde la esquina de una ventana. En ese nuevo panorama aparece ‘Nota de voz’, el más reciente largometraje de David Bohórquez. Para quienes no lo conocen, David (@borkinson) no es ningún novato: viene de un largo recorrido en videoclips de música latina, ha trabajado entre Colombia y Estados Unidos y dirige tanto en inglés como en español.
‘Nota de voz’ es una película de suspenso, pero en el fondo es una catarsis personal: un duelo convertido en relato cinematográfico. Grabada en Bogotá y protagonizada por Paulina Diazgranados, llegó a las salas colombianas el 27 de noviembre.
Hablé con David sobre todo: la película como herramienta emocional, cómo eligió a su protagonista, por qué estudió música para poder exigir mejor música, lo que le dejó la escuela de los videoclips y cómo hacer cine en Colombia sin caer en el “ánimo de pérdida”.
Aquí la conversación. (Y si quieres verla en video, también la dejamos por acá).
Angie Quiroz: ¿Cómo llevas estos días previos al estreno?
David Bohórquez: Muy enfocado, porque hay muchas tareas por realizar. Junto con mi esposa estamos encima de cada detalle. Yo estoy pendiente de las imágenes para los distribuidores, del backing de la función de premiere… siempre hay algo que requiere atención. Paralelo a eso estoy editando la primera película de mi esposa, que debo terminar en enero. Son días de mucho computador, pero trato de balancearlo con ejercicio, salir, caminar, correr… y al final caigo muerto.
AQ: O sea que no hay descanso. ¿En qué momento un director dice: “Bueno, ya puedo descansar un ratito de este proyecto”?
DB: Es que nos gusta. Yo soy muy madrugador. Mi esposa siempre reclama que debería dormir más, pero yo salto de la cama a las cuatro o cinco, ya con mi café, y me gusta escribir, activarme. Desde ahí viene el declive de mis cualidades como ser humano (risas). En la tarde ya no sirvo de mucho.
AQ: O sea que no te aplica la de Severance, no puedes separarte.
DB: Me gusta mucho la vida. Soy muy familiar, pero como me gusta tanto lo que hacemos, nos mantenemos ocupados y felices. Un proyecto nuevo siempre es un momento de alegría. También da nervios, porque es como un hijo al que uno saca después de tanto esfuerzo. A mí siempre me dan nervios las premieres: es como una entrega del colegio, estás nervioso y la gente va a ver si le gusta o no. Pero igual es motivo de alegría dar a luz un nuevo hijo cinematográfico.
AQ: ¿Y sientes que en las premieres ves la película distinto?
DB: Como yo escribo, dirijo y edito, simplemente pierdo la objetividad. De hecho, las películas en general no las disfruto. Cuando quiero disfrutar algo me relaja más un libro. Con mis películas, tengo que darles tiempo. A veces, cuando revisito una película antigua digo: “Oh, no era tan mala”. Soy muy autocrítico. Ni las críticas duras ni los halagos excesivos me afectan; me afecta más mi propia percepción de lo que quería lograr.
AQ: ‘Nota de voz’ es tu nueva película. En el terror solemos pensar en casas embrujadas, vampiros… pero aquí el elemento aterrador es el celular. ¿Por qué? ¿Cómo llegaste a esa decisión?
DB: La semilla de la idea nace de una vivencia personal, más dramática que de terror: la pérdida de mi hermano menor hace poco. Recuerdo que estaba en un cine, miré WhatsApp y vi su última nota de voz. Eso genera una sensación extraña, muy difícil si estás en pleno duelo. Tener esa voz presente cuando la persona ya no está… Coincidió con que estaba en cine y lo asocié. Después lo desarrollé en una propuesta de terror psicológico, que es Nota de voz.
AQ: Tengo que preguntarte por la protagonista. ¿Cómo llegaste a ella?
DB: Cuando ya pudimos confirmarla, sentí que realmente iba a tener una película. Sabía que necesitaba a alguien con esas cualidades para sostenerla. En sets independientes hay limitaciones: estás en una batalla y necesitas alguien que esté listo bajo presión. Ella fue muy profesional. Fue una bonita experiencia y me alegra que el público pueda ver a Pau, que es muy talentosa, liderando nuestra película.
AQ: Tienes un background muy ecléctico. Has hecho terror, pero también muchos videoclips. Quiero preguntarte por la música en esta película. ¿Cómo fue el proceso de musicalización y diseño sonoro?
DB: Ha sido la evolución de una colaboración de años con Sebastián Mejía, compositor y amigo. Yo le pedía algo más contemporáneo, alejado de métricas claras, que fluyera junto al equipo de diseño sonoro. Quería que “bailaran juntos”, que la línea entre música y sonido fuera borrosa.
Una de las evoluciones más positivas que he tenido como director es la manera como me comunico con los compositores. Le dediqué un año a estudiar música desde cero, porque antes daba direcciones como “esta parte tiene que dar susto”, y para un músico eso no dice nada. Aprender ese lenguaje me permitió sacar más provecho del trabajo conjunto.
Solo el ringtone nos tomó mucho tiempo, porque queríamos que incomodara. Tres notas pueden enredarte la vida, pero logramos un tono que le da identidad a la película.
AQ: El cine colombiano ha batallado con llevar espectadores a salas, y las cifras recientes no han sido las mejores. Tu camino ha sido distinto. ¿Cómo llevas la relación con la taquilla?
DB: La experiencia de películas anteriores me ha servido para trabajar económicamente con “ingeniería en reversa”, como dicen los americanos. A veces me da nostalgia no haber pertenecido a esas generaciones donde los estrenos duraban meses y era más poético. Pero hoy soy muy preciso con mis cálculos: trato de que la película sobreviva si se comporta como la anterior.
Siempre trato de correr la cerca un poquito, pero sin excederme, porque ya he pasado por presupuestos complicados donde después estás sufriendo porque necesitas más boletas. Hemos añadido elementos que nos permiten tener proyectos con ganancias. Eso me enorgullece, porque son pocos los casos. Siempre hemos ganado dinero—mucho o poco—gracias a la exportación. Nota de voz estrena ahora en Colombia; luego vienen otros países y luego la venta a plataformas. Ahí la película ya está tranquila económicamente. Entonces ya no me obsesiona tanto ese ángulo.
AQ: ¿Y cómo fue dirigir una película hablada en inglés, siendo también tan colombiana?
DB: Es como tener dos personalidades. Cuando diriges en inglés, por más que lo hables, sigues siendo un huésped. Solo he hecho un par de películas en español. La primera, en pandemia, la disfruté muchísimo. En tu idioma te sientes más en tu salsa. En una segunda lengua todo es un poco más técnico: preguntas si este adjetivo sí, si este no… y te apoyas en alguien que lo maneje mejor. Te exige bastante. Pero con tantas pelis en inglés y el idioma presente en mi vida, juego entre los dos. Aun así, me gustaría dirigir un proyecto grande en español.
AQ: En otras entrevistas mencionas la “estética comercial” como algo que siempre has perseguido. ¿Por qué ese camino?
DB: Tiene que ver con el gusto personal de cómo quiero que se vean las cosas. Eso me llevó a una carrera muy exitosa en videoclips. En el mundo de la música latina puedes olvidarte de la narrativa: lo importante es lo que transmite la imagen. Para mí fueron ejercicios para las películas: me estaban dando dinero para experimentar. Haciéndolo tantas veces, ya se te queda en el disco duro. Tanto que a veces me cuestiono si debería abandonar un poco eso para correr la cerca más en lo narrativo. Ya estoy en ese diálogo.
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